martes, 24 de febrero de 2015

Carta de un ángel a su sobrino

Mi querido sobrino,

No puedo evitar sorprenderme de que a estas alturas de tu labor me preguntes por la cuestión del Amor tal y como hiciste en tu última carta. Pensaba que a los ángeles jóvenes como tú os habrían instruido ampliamente en la escuela al respecto de estos temas tan fundamentales de conocer a la hora de guiar las almas humanas pues, sin duda, el Amor es uno de los asuntos en el que los humanos invierten gran parte de su tiempo durante su vida en la Tierra. A modo de consejo personal, te recomiendo que cualquier duda que te pueda surgir en tu labor no la calles, pues tu ignorancia al respecto no debe ser motivo de vergüenza. Muy al contrario, preguntar al respecto y asumir tu desconocimiento sobre este o cualquier otro asunto demuestra humildad por un lado y deseos de aprender por otro, y ambas son cosas buenas. Por mi parte, como tío tuyo que soy, haré todo lo posible para que tu ignorancia se reduzca lo más posible y poder enseñarte todo lo que sé, que, si bien será más de lo que tú sabes, siempre será menos de todo lo que cabe conocer; cuenta conmigo para todo aquello que necesites, yo estaré encantado de poder ayudarte. 

El tema del Amor es un tema complejo. Para los ángeles como tú y como yo es sin duda la mayor y más elevada experiencia que nuestro Padre Celestial nos ha concedido. En otras palabras, el Amor es lo más grande que existe. Definir el Amor es sin duda una tarea mucho más compleja que experimentarlo, decir que se limita a desear el bien del ser amado sería incompleto en el mejor de los casos pues, como ya sabrás, cuando se ama no sólo se desea el bien del otro sino que, más bien, no se distingue entre el otro y el yo, todo pasa a ser uno y desear el bien del otro es lo mismo que gozar con su bien más que con el propio. 

Hemos invertido algún esfuerzo en estudiar la cuestión a fondo cuando se trata de iluminar el camino humano. Nuestras acciones han conseguido grandes avances en este terreno, aunque todavía queda mucho por hacer. Debes comprender que los humanos experimentan el Amor en una dimensión mucho más limitada que en la que nosotros podemos hacerlo gracias a nuestra naturaleza puramente espiritual. Poder contemplar a Nuestro Padre que está en los Cielos es la experiencia más amorosa que ningún ser puede sentir, nosotros, como espíritus puros que somos lo sabemos pero, a los hombres, esa experiencia les es negada durante la primera fase de su existencia y, por ello, su comprensión del Amor nunca puede ser completa hasta que alcanzan a ver el Rostro de Dios.

En los últimos años hemos conseguido influir muy positivamente en las consciencias humanas y en su imaginario colectivo para facilitarles la tarea de comprender el Amor y así elevarlo a las cotas más sagradas del pensamiento humano. A pesar de la labor llevada a cabo por el Enemigo, hemos conseguido que la idea del utilitarismo no cale en las mentes humanas más allá de un mero pragmatismo inicial que, finalmente, siempre se les revela como erróneo, ya que, una comprensión completa del Amor, les haría ver que amar por el hecho de que es útil sería una completa equivocación. Eso sería una mera simbiosis entre seres similares, pero el Amor es mucho más que eso. 

Naturalmente el Amor es un asunto complejo y, como comprenderás, querido sobrino, en una carta como esta no hay espacio suficiente para tratar el tema con la profundidad que se debiera para abarcarlo en su totalidad. Por ello me centraré en las líneas más generales y que creo te serán de mayor utilidad en tu tarea de guiar el alma humana durante su estancia en la Tierra. Si consigues influir a tu protegido para que el Amor se convierta en un elemento superior en su vida habrás conseguido un gran avance en la tarea que te ha sido encomendada, así que no menosprecies esa esfera de su vida.

Hay que comprender que los ángeles partimos con ventaja en este tema pues, como sabrás, la racionalidad que impregna todo nuestro ser permite comprender a la perfección un elemento tan real como es el Amor. Todo nuestro conocimiento al respecto se basa en las dos formas más comunes del conocimiento, la propia experiencia y la comprensión racional. La propia experiencia demuestra que el Amor es la experiencia espiritual más elevada que cualquier ser puede experimentar. Fíjate bien en que digo experimentar y no sentir, pues, a diferencia de lo que algunos puedan pensar, el Amor no es un mero sentimiento, tiene su origen en una unión espiritual plena con el ser amado y, aunque tiene un elemento sensual en los humanos, el sesgo espiritual es infinitamente más poderoso que el sentimiento físico que lo acompaña. Por otro lado, mediante el uso de la razón se puede llegar a la comprensión lógica del Amor. Para ello es necesario entender la naturaleza del Amor en su dimensión más radical que consiste en la supresión total de las barreras que definen el yo.

Afirmar “yo te amo” es lo mismo que decir que, en cierto sentido, no encuentro diferencias entre tú y yo, y no me refiero a que tengamos cosas en común, eso sería establecer similitudes entre entes distintos. Decir “te amo” es decir que, básicamente, tú y yo somos la misma cosa, a pesar de tener existencias diferenciadas. Sin duda el Amor es la creación más grande que nuestro Padre Celestial ha concebido jamás, pues permite la unidad y la multiplicidad de los seres al mismo tiempo y, con ello, la unidad de toda la creación en un acto de absoluto y eterno Amor. 

El Enemigo no puede entender el Amor. Lo más que consigue es entender que en un momento dado un individuo sienta gratitud hacia otro que le ha hecho un favor, pero eso no es Amor como erróneamente piensan. Eso, en el mejor de los casos, es simbiosis o intercambio de favores. El Amor es un acto desinteresado, no espera recibir nada a cambio del bien causado porque el bien causado es trabajo y recompensa al mismo tiempo. Sin duda el Enemigo, habiéndose alejado tanto de nuestro Padre Celestial, ha entrado en una espiral de ignorancia que le impide ver la naturaleza del Amor tal y como realmente es. 

De todos los amores que el ser humano experimenta en su vida terrenal es, sin duda, el amor de pareja uno de los más intensos, sólo superado por el Amor a los hijos, que es el más elevado que un humano en la Tierra puede gozar. No deberías descuidar ninguno de los dos puesto que, a través de uno y otro, el humano puede alcanzar la salvación de su alma.

Algunos poetas humanos han acuñado la idea romántica de que el Amor vencerá la muerte, sin duda inspirados en el episodio de la Encarnación, esa fue nuestra mayor victoria sobre el Enemigo porque, efectivamente el Mesías venció la muerte y regresó de los Infiernos demostrando que el Amor es capaz de sobrevivir a la más absoluta destrucción y con su sacrificio, a pesar de que el Enemigo lo ignore, ya están salvadas todas las almas de la Humanidad. 

Esta idea es sumamente poderosa porque efectivamente, el hecho de que el Amor sea capaz de salvar a los humanos de la muerte es el regalo más grande que Nuestro Padre Celestial ha concedido al género humano. No de la muerte física, naturalmente, pero sí de la muerte espiritual. El enamoramiento tiene la maravillosa cualidad de volver buenos a los seres humanos. Sin duda es algo que no dura para siempre, tienes que entender que de todos los amores que puede sentir el hombre, el de la pareja, a pesar de su intensidad, es también de los más efímeros. En realidad esto no cambia el bien que hace porque deja huella en el corazón del hombre para siempre y con ello su labor está lograda. Si un humano muere estando enamorado será casi imposible que podamos perderlo. Por el contrario, si no conoce el Amor, especialmente en sus formas más intensas, aquellas en las que se estaría realmente dispuesto a dar la propia vida para salvar la del ser amado, será mucho más difícil que entre directamente en los Cielos sin tener que pasar antes por el Purgatorio. 

Es por esto por lo que dicen que el Amor salva de la muerte. En los últimos años los humanos se han vuelto especialmente egoístas y esto sí que es un error que debemos subsanar con nuestra sabia y recta guía. Nosotros, al igual que el Enemigo, no podemos obligar a los humanos a actuar de un determinado modo, su libre albedrío se impone por encima de nuestros actos. Lo único que podemos es influir en su corazón introduciendo en su mente las ideas y los pensamientos necesarios para que configuren su realidad de acuerdo a lo que les es más adecuado para su propia salvación. De esta forma, la salvación de su alma no es algo impuesto desde fuera sino que es un logro de ellos mismos, consiguiendo con ello completar su propio ser y actuando en colaboración con Nuestro Padre Celestial en la creación de su propio ser como hombre. En verdad nuestro amado Padre es tan grande y tan generoso que ha querido que los humanos sean partícipes del maravilloso acto que es la creación y ha encontrado la manera para que, aunque ellos no lo sepan, sean sus propios creadores al ser actores principales en la salvación de su alma sin que por ello Él pierda un mínimo de su acción amorosa que les da la vida. 

Es por ello, sobrino, que en tu tarea de guía de las  almas deberás siempre conseguir que el paciente se acerque lo más posible a una vida llena de Amor en cualquiera de sus formas. Hay muchas formas de amar, aquí sólo he mencionado el Amor a los hijos y el Amor a la pareja pero, como sabes, hay infinitud de maneras de amar, casi tantas como seres hay en el Universo. En estas líneas no me da tiempo ni espacio suficiente para detallarte detenidamente todas ellas pero, al margen de las formas de Amor que pueda encontrar tu protegido en su vida terrenal, deberás tener siempre presente una cosa: No existe ninguna cosa mala en el Amor, toda acción inspirada por el Amor será siempre buena. Puede que haya consecuencias inesperadas, pero esas se deberán, sin duda, a la ignorancia de otros elementos partícipes en la ecuación. Sin embargo, pase lo que pase, el Amor salvará a la Humanidad. Por ello fomenta el Amor en todas sus formas en la vida de tu humano, si hay Amor los otros bienes vendrán por sí solos. 

Me despido de ti con la esperanza de que mis palabras te sean de utilidad, tanto en tu tarea de protector de almas como en la tarea de crecer en sabiduría. Sabes que los ángeles amamos de forma grandísima y, en mi caso, siendo yo tu tío, mi Amor por ti es todavía mayor si cabe. Recibe todo mi Amor en esta carta y que mis palabras te inspiren para llenar el corazón de tu protegido con este mismo Amor que ahora te transmito. 

Atentamente, tu querido tío.

lunes, 23 de febrero de 2015

Carta de un demonio a su sobrino

Mi querido sobrino,

Resulta sorprendente que a estas alturas de tu labor me preguntes por la cuestión del Amor tal y como hiciste en tu última carta. Pensaba que a los demonios jóvenes como tú os habrían instruido ampliamente en la escuela al respecto de estos temas tan fundamentales de conocer a la hora de recolectar almas humanas pues, sin duda, el Amor es uno de los asuntos en el que los humanos pierden gran parte de su tiempo durante su vida en la Tierra. A modo de consejo personal, y confío en tu discreción, te recomiendo que el Alto Mando no se entere de tu ignorancia al respecto ya que, como no podría ser de otra manera, pensarán que eres un completo inepto y un incompetente y podrías sufrir justas represalias. Por mi parte, como tío tuyo que soy, mantendré la boca cerrada y haré todo lo posible para que tu ignorancia se reduzca lo más posible; ya encontraré la forma en la que puedas compensarme, pues no creas que mi silencio te va a salir gratuito.


El tema del Amor es un tema complejo. Para los demonios como tú y como yo es una completa inventiva del Enemigo. En otras palabras, el Amor no existe, es un eufemismo creado por el Cielo para denominar una forma de simbiosis entre diferentes entes conscientes. Hemos invertido mucho esfuerzo en estudiar el problema a fondo. Nuestras acciones han conseguido grandes avances en este terreno en los últimos años influyendo en las consciencias humanas y en su imaginario colectivo para desterrar el Amor de las cotas sagradas a las que los humanos de siglos anteriores lo habían elevado. Hemos conseguido que la idea del utilitarismo cale en las mentes humanas y, de esta forma, el Amor ha dejado de ser una unión sagrada para convertirse en un elemento mucho más práctico.


Naturalmente el Amor es un asunto complejo y, como comprenderás, querido sobrino, en una carta como esta no hay espacio suficiente para tratar el tema con la profundidad que se debiera para abarcarlo en su totalidad así que me centraré en las líneas más generales y que creo te serán de mayor utilidad en tu tarea de recolector de almas. Si consigues influir a tu paciente para que el Amor se convierta en un elemento menor de su vida habrás conseguido un gran avance en la tarea que te ha sido encomendada, así que no menosprecies esa esfera de su vida.


Hay que comprender que los demonios partimos con desventaja en este tema pues, como sabrás, la racionalidad que impregna todo nuestro ser no permite comprender un elemento tan irreal como es el Amor. Todo nuestro conocimiento real al respecto ha conseguido asimilar la idea de simbiosis como lo más parecido que podemos entender del Amor. De esta manera comprendemos que los humanos, o cualquier otro ser creado por el Enemigo pueda establecer vínculos afectivos con otros seres en tanto en cuanto no son seres autosuficientes y, con ello, obtienen ventajas a la hora de conseguir sus objetivos colaborando entre ellos en lugar de compitiendo. Sin embargo, más allá de esto, todo lo referido al Amor se nos escapa, al menos en los términos en los que el Enemigo expone su teoría.


La versión más extendida a día de hoy respecto a esta problemática es que el Amor es un invento del Enemigo para conseguir controlar las acciones de los humanos sin interferir directamente en su actividad y respetando, de esta forma, el libre albedrío que tanto mima y del que tan orgulloso está de haber creado. Nuestra teoría, al menos por el momento a falta de una mejor, es que el Amor es sencillamente una mentira con la que el Cielo pretende controlar a los seres humanos haciéndolos creer que sienten sensaciones mucho más intensas de las que realmente padecen, que son las naturales a las relaciones de simbiosis. Podemos entender que en un momento dado un individuo sienta gratitud hacia otro que le ha hecho un favor, pero eso no es Amor como erróneamente piensan. El primer individuo habrá ejecutado el favor al segundo porque estaría en condiciones de ventaja sobre el segundo y así este quedará en deuda con el primero. El primero comprende que el segundo le devolverá el favor en un futuro en el que las situaciones de ventaja estén invertidas y, con ello, se restablecerá el orden natural de las cosas. Esto, llevado al extremo, conlleva las denominadas relaciones amorosas que tanto les gustan a los humanos y que no son, ni más ni menos, que convivencia mutua interesada cimentada en una cadena de favores mutuos y continuos que se intercambian los miembros del romance y que, esto sí que es real, facilita su existencia al tener mayor capacidad de acción a la hora de conseguir sus objetivos.


Toda la parafernalia que rodea a este intercambio de favores y estados de ventaja y desventaja mutuas es sólo pura superchería, una gran mentira, un decorado efímero que consigue nublar las mentes de sus ejecutores y que les permite no ser del todo racionales y soportar tensiones en el contrato de favores mutuo que se intercambian aún cuando alguna de las partes no es del todo cumplidora con dicho contrato. Sin embargo, y aquí es donde tienes que tener cuidado con el paciente, al margen de que toda esta falacia del Amor sea una gran mentira, los humanos lo vivirán como si se tratase de una gran verdad. De hecho, no sólo eso, sino que muchos de ellos creerán que es la piedra angular de su existencia y lo que da sentido a sus vidas. Debes evitar que el paciente llegue a tal estado mental pues, de llegar a alcanzarlo, efectivamente el Amor le salvaría de la muerte. Como sabes nuestro objetivo es conseguir que las almas de los humanos se alejen lo más posible del camino del Enemigo y, por el contrario, llevarlas como tributo a Nuestro Padre Infernal que está en las profundidades.


Algunos poetas humanos han acuñado la idea romántica de que el Amor vencerá la muerte, sin duda inspirados en el episodio de la Encarnación, esa fue nuestra mayor derrota porque, efectivamente el Mesías del Enemigo venció la muerte y regresó de los Infiernos dando con la puerta en las narices a Nuestro Padre Infernal en el mayor acto de desprecio que han tenido los poderes del Cielo con Él desde la Caída que se produjo al principio de los tiempos. Esta idea es sumamente peligrosa porque, a pesar de todo lo mencionado anteriormente respecto al tema que nos ocupa, desgraciadamente para nuestros intereses, el Amor es capaz de salvar a los humanos de la muerte. No de la muerte física, naturalmente, pero sí de la muerte espiritual. ¿Acaso has visto a un sólo enamorado rendir pleitesía a Nuestro Padre de las Profundidades? El enamoramiento tiene la estúpida cualidad de volver buenos a los seres humanos. Sin duda es algo que no dura para siempre pero, si un humano muere estando enamorado será casi imposible que podamos conseguir su alma. Por el contrario terminará en las manos del Enemigo.


Es por esto por lo que dicen que el Amor salva de la muerte. Por suerte en los últimos años, igual que hemos conseguido introducir ideas utilitarias en el imaginario colectivo de los humanos que han conseguido profanar la idea del Amor y defenestrarla a la idea de simbiosis útil, también hemos conseguido que los humanos dejen de creer que el Amor les salvará de la muerte. Con ello se vuelven mucho más egoístas y perezosos a la hora de ayudar a sus semejantes y eso nos permite tener un mayor control sobre ellos y arrastrarlos a nuestro campo con mayor eficacia.


Es por ello, sobrino, que en tu tarea de recolector de almas deberás siempre conseguir que el paciente se aleje lo más posible del Amor en cualquiera de sus formas. Este es un punto sobre el que no hemos hablado, por el contrario todo mi discurso se ha centrado en el Amor que sienten los humanos por su pareja que, aunque es el más efímero también es el más intenso y, por ello, el que debe ser más vigilado desde la cercanía. Sin duda esta carta empieza a ser excesivamente larga y por ello no entraré en hacer una disertación sobre las diferentes formas que puede tomar el Amor en la vida humana, pero sí que te diré que son muchas y que todas ellas son peligrosas para nuestros objetivos infernales. Por ello aleja a tu paciente lo más que puedas de todas ellas, especialmente del Amor de la pareja.


Me despido de ti con la esperanza de que mis palabras te sean de utilidad, tanto en tu tarea de recolector de almas como en la tarea de no ser un asqueroso ignorante que me ponga en entredicho ante el Alto Mando. Sabes que los demonios no sentimos Amor así que espero que me seas útil y nuestra simbiosis pueda mantenerse en un estado óptimo por muchos años.


Atentamente, tu querido tío.

jueves, 5 de febrero de 2015

De lo imperfecto

Es la soledad del genio una idea recurrente en la literatura y en el arte. Enfrascado en estos pensamientos he comprendido un elemento fundamental a la hora de lastrar la ejecución del texto. Sin duda, y como es natural, todo artista busca en la realización de su arte una técnica y unos resultados tan depurados que no puedan tener corrección posible cuando la obra ha sido presentada al público. Esto es lo que, en términos generales, se denominada perfeccionismo. El perfeccionismo puede verse aplicado a cualquiera de las múltiples esferas que conforman la existencia humana y, en todas ellas, consiste en la misma búsqueda de unos resultados que no ofrezcan posibilidad alguna de réplica. 

El perfeccionismo aplicado al arte, y más concretamente a la literatura, tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja resulta más que evidente, pues de la búsqueda reflexiva de la perfección surgen obras maestras que ejecutan el lenguaje con tal belleza que alcanzan las cotas más elevadas del ser. Hacen acopio del trascendental más cuestionado por los filósofos que es la belleza, pero también el más romántico y por ello el más merecedor de ser creído, postulado e incluso amado. La desventaja del perfeccionismo viene después, cuando el desarrollo de la búsqueda exhausta de la perfección termina conllevando la inacción. 

Es la inacción el peor de los males que pueda acontecer al artista pues, una mala obra o un mal texto, a pesar de la mediocridad del mismo, permite al creador entrar en el proceso creativo y este, a su vez, puede permitir el éxito en la tarea creativa. Sin embargo, la inacción degüella de forma taxativa cualquier forma de creación al evitar incluso el hecho más sencillo de todos que es sentarse frente a la hoja vacía, frente al lienzo en blanco o la madera virgen.

Por ello no dejéis que el amor a la perfección os ciegue ni os corte las manos. Contempladla más bien seguros desde la distancia, sabiendo que está ahí y que, tal vez, pueda ser alcanzada, pero comprendiendo también que toda forma de existencia, y más cuando al arte se refiere, está impregnada al menos un poco de esa luz divina que es el trascendental de la belleza. 

Es por esto que el exceso de perfeccionismo, cuando éste se convierte en vicio en vez de virtud, degenera en una enfermedad para el artista que todo mal diferente es mejor, pues de todos los males que pueda padecer el artista el peor de todos es la inacción pues el artista es artista en tanto en cuanto ejecuta su arte pero si, por las causas que fueran, incluida el perfeccionismo, el artista deja de hacer su arte deja a la vez de ser artista pues lo que lo define como tal es su acción creativa, sin la cual, no es artista. 

Por ello cabe sentarse frente al blanco del papel y empezar a escribir. Habrá tiempo después de corregir lo que sea necesario. Incluso en el caso de que no se alcance la pureza absoluta del texto en lo que a su manera de ejecución y la forma de presentación escogida se refiere siempre será mejor eso que la hoja en blanco. Como decían los escolásticos de la nada nada sale, y es verdad que a veces la naturaleza pueda engendrar formas monstruosas que bien podrían ser eliminadas del mundo de la existencia sin que se perdiera con su ausencia casi nada en su destrucción, pero también es igualmente cierto que sin esos monstruos de la razón danzante no podría tener lugar la obra maestra en medio de tanta oscuridad. 

martes, 3 de febrero de 2015

La chica de la cintura de avispa

Corría la calle principal camino abajo y los muchachos se arremolinaban en la esquina de la calle 6 de diciembre esperando a que salieran del colegio las chicas con sus carpetas color burdeos y sus faldas grises. Siempre se reunían en esa esquina donde unos cambiaban de rumbo y se dispersaban, por direcciones distintas pero todas ellas abarrotadas hasta arriba. 

Cuando llegaba la chica de la cintura de avispa, así es como los zagales la bautizaron la primera vez que la vieron, se notaba el nerviosismo en el ambiente. En realidad era una rutina que se venía repitiendo desde septiembre todos los días de lunes a viernes pero que siempre, sin excepción alguna, constituía un ritual iniciático digno de ser presenciado. 

Entonces las amigas de la chica de la cintura de avispa se quedaban en un segundo plano, sólo unos pasos por detrás de esta, y esperaban a que Franky, el chico malo y líder de los chavales allí reunidos hiciera lo apropiado y caminara dos pasos por delante de sus amigos para saludar a la chica de la cintura de avispa. Hablaban de cualquier tontería, se preguntaban por el día y por la escuela y no decían nada interesante que mereciera la pena ser contado pero ellos se divertían de esa forma. 

Cuando los dos jefes habían terminado con los rituales de presentación entraban en escena sus acólitos que entablaban conversaciones igual de banales que las de sus líderes y que resultaban igual de superfluas e igual de ridículas, pero que eran del mismo modo interesantes de observar desde la lejanía. Así se comprobaban los gestos, el vocabulario de las manos, las palabras entrelazadas con las miradas, ese movimiento de cabeza y esa manera tan suya de torcer el cuello un poco a la derecha, que dejaba caer un mechón de pelo sobre la sien de la frente y que luego volvía a su lugar con un golpe automático, artístico y exuberante. 

La esquina de la calle 6 de diciembre se ponía hasta arriba. Los pobres viandantes que por allí pasaban tenían que sortear a aquellos inocentes que jugaban a ser felices ataviados con sus miradas, sus sonrisas y esos horribles uniformes de colegial que sólo les sentaban bien por la juventud que  aún cargaban en sus mochilas y que el funesto padre Tiempo todavía se había dignado a no morder. 

Esa celebración se repitió todos los días que hubo clase aquel curso, desde septiembre hasta junio. El año siguiente pasaron al nuevo sistema educativo y cambiaron de aulas muchos de los que allí se reunían. Franky y la chica de la cintura de avispa empezaron a salir y lo hicieron durante casi dos años. Fue la pareja que más duró de todas las que allí se forjaron. 

Dos años parece poco pero cuando no tienes ni diecisiete primaveras es la eternidad infinita arrodillada frente a la grandeza el mundo. Nunca más volvieron a quedar de la misma manera que lo hicieron todos aquellos chavales todos juntos. Muchos se volvieron a ver durante años, un par de ellos mantuvo amistad hasta el primer o segundo año de universidad. Después sus vidas tomaron caminos diferentes y no volvieron a verse nunca. Era lo que solía hacer la gente que llegaba a la esquina de la calle 6 de diciembre, tomar caminos diferentes y seguir su propio rumbo. 

jueves, 22 de enero de 2015

Memento Mori

Junto a las riberas del Tajuña se dibujaba a las afueras de un pequeño pueblo un camino custodiado a sus lindes por altos olmos. El camino partía casi desde la plaza misma donde se celebraban bailes y corridas de toros y bajaba por una pequeña calle que era la única que discurría recta entre aquellas casas que estaban rodeadas por caminos serpenteantes que enmarañaban la aldea de callejuelas imposibles. Llegaba hasta los campos de maíz que crecían a la ribera y, al llegar al río, se convertía en un soberbio puente de piedra que ponía fin a la pedanía. 

Los lugareños lo llamaban el Puente Romano, aunque de romano lo único que tenía era el nombre. Estaba hecho con grandes sillares de piedra asidos entre sí con argamasa amarilla y blanquecina que dotaba toda la construcción de un tono pálido que brillaba como una  luna en el cielo negro contra el verdor de los árboles y la hojarasca que crecía a su derredor. Seguía el camino dejando atrás tan portentosa creación humana y se adentraba por los terrenos dominados por la naturaleza. Las tierras eran fértiles y la mano del hombre había hecho de ellas campos de labranza donde se cultivan lechugas, más maíz y también patatas. 

Al llegar al final del sendero se levantaba una pequeña ermita dedicada a San Antonio adonde muchas vecinas del pueblo llegaban a rezar sus oraciones y a pedir favores para que, especialmente las más jóvenes, consiguieran la atención de ese mozo que todavía no se había dado cuenta de que aquella penitente era la mujer de su vida. Llegados a este punto el camino se bifurcaba. Un pequeño sendero se adentraba hacía el interior de la montaña que crecía grandiosa a espaldas de la ermita y el otro se retorcía en un giro de noventa grados que ondulaba en paralelo a lo largo del río que alimentaba aquellos campos y la ribera.

Había en esta parte de la vega algunas casas pequeñas desperdigadas como luciérnagas solitarias en la noche que moteaban el paisaje de formas humanas y que se mezclaban con la frondosidad de la naturaleza exuberante que crecía en aquella orilla. Era un camino muy transitado por las tardes. En él se reunían los vecinos del pueblo que iban a dar un paseo un poco más allá de la ermita y vagaban también por allí los labriegos de la zona que volvían a sus casas después de una jornada agotadora. 

Después de varios campos y un par de casas se escapaba caprichoso un pequeño sendero del tronco central del camino que se adentraba entre los maizales sin destacar sobre el paisaje y que, si no se conocía bien, era casi imposible de encontrar. Llegaba entre los olmos a un pequeño claro a orillas del río donde justo había un desnivel en el terreno que formaba una catarata que se deslizaba sobre unas terrazas inundadas por el agua que se escurría hasta conseguir salvar el terraplén. El lago que se formaba a su muerte había modelado una pequeña playa de piedras y lodo en donde iba a desembocar el sendero y quedaba todo protegido por el abrazo de las ramas de los álamos que allí crecían y que daban forma a un tejadillo de hojas y ramas que se peleaban por alcanzar los rayos del sol a la vez que creaban aquel pequeño refugio.

Aquel era el lugar más codiciado de la vega. Algunos chavales se reunían en él y jugaban trepando por las ramas de los árboles y triscando entre los matorrales que crecían a ras del suelo. Algunas veces se remojaban los pies en el río pero rara vez se bañaban porque, con la inclinación que creaba la cascada, el agua bajaba deprisa y removía el fango del fondo y se ponía marrón y oscura y parecía que estaba sucia y no invitaba al baño. 

Pasábamos allí todos los veranos y recuerdo aquellas tardes de sol abrasador frescas y ligeras bajo el amparo de aquel follaje verde y blanco. Recuerdo perfectamente la viveza y el brillo de los colores que allí se reunían y que penetraban mi pupila hasta el alma misma y grababan profundos aquellos arco iris de reflejos y destellos sobre el agua y las hojas. Recuerdo el fulgor de los rayos de agosto rebotando sobre los caparazones de los insectos que hacíamos prisioneros de nuestros juegos y caprichos. La luz de verano tenía una gama de matices especiales cuando brillaba sobre la armadura de las hormigas. Resplandecían como pequeños guerreros de azabache. Su carne se volvía más etérea y los colores mates dejaban paso a una superficie suave y sutil que refractaba la luz en tonalidades de negros y blancos hermosísimos que después sólo he conseguido volver a apreciar en las pinturas de algunos artistas franceses. 

Cuando la tarde iba tocando a su fin entonces recogíamos las pocas cosas que pudiéramos llevar encima y poníamos rumbo de regreso al pueblo. Naturalmente tardábamos una eternidad en llegar a nuestras casas porque de camino seguíamos con nuestros juegos de correr y saltar, de jugar con los palos y las piedras que nos encontrábamos y también con los pobres bichos que sufrían estoicamente todas las perrerías que les hacíamos. 

Más o menos cuando habíamos llegado de vuelta a la altura a la que estaba la ermita era cuando los grillos empezaban a cantar con su crepitar nocturno y las primeras estrellas empezaban a ganar la partida al azul del cielo. Los olores secos del día iban dejando paso al embriagador perfume de la noche y era entonces cuando un aroma a jazmín y clavellina invadía todos mis sentidos y relajaba los músculos. El ambiente se volvía más denso, como más pastoso. Pero no era pesado ni asfixiante. Se transformaba en una especie de piscina infinita en la que el aire estaba cuajadillo de olores a flores y humedad que ejercía las funciones de un bálsamo protector después de un larguísimo día bajo un sol de justicia que sólo había sido mitigado de cuando en cuando por las ramas de los olmos.

Cruzábamos el puente felices y satisfechos. Nos sentíamos los reyes del universo. Otro día más habíamos completado la gran hazaña de caminar hasta la cascada y volver victoriosos de nuestro destino. Atravesando aquel puente éramos nosotros verdaderos romanos que cruzábamos triunfantes las puertas de la ciudad tras la batalla sin que ningún memento mori nos recordase al oído una y otra vez que aquella gloria sería pasajera. En aquellos días no había visiones oscuras ni tampoco miedos por el futuro que vendría. El mañana era resplandeciente, igual que el presente. Todos los peligros que pudieran acechar se disiparían con nuestra fe y nuestra valentía como únicas armas y escudos contra el porvenir misterioso que era la edad adulta. 

domingo, 18 de enero de 2015

Una casa de pueblo

Hay en un pequeño pueblo una casa abandonada que está a las afueras. Tiene los portones azules y elevados, y también algo de óxido en las juntas de los quicios. Desde hace algunos años nadie vive allí. Hay un hombre que pasa de vez en cuando y es el único que entra y sale de ella. Abre las ventanas y ventila las habitaciones para que entre aire fresco y se vaya el olor a cerrado. Siempre que llega echa un ojo aquí y allí y revisa todas las alcobas para asegurarse de que todo está en su sitio. En realidad no hay nada que merezca la pena ser robado, pero como la casa está deshabitada y por allí abundan los ladronzuelos prefiere asegurarse de que todo está en orden. 

Detrás del portón hay un jardín abandonado que antaño fue florido y hermoso igual que la casa, pero en el que ahora sólo crecen las malas hierbas y los rastrojos. Ya ni siquiera el color de las piedras es el mismo que fue en el pasado. Hace unos veinte años había muchos niños que jugaban todo el día en aquel jardín, montaban en bicicleta y hacían castillos de arena con la tierra y los palos que encontraban en el suelo. Los domingos se celebraban comidas familiares al aire libre y en las noches de verano se contaban las estrellas del firmamento arropados por la suave brisa nocturna del mes de agosto. Ahora ya no queda nada de todo aquello. Aquellos recuerdos sólo viven en la memoria de los niños que jugaban en el jardín. Los muros de aquella casa ya no están llenos de vida como lo estuvieron antaño pero, por lo menos, aquellos niños todavía lo recuerdan. 

Dicen en el pueblo que aquella casa no está abandonada del todo. Dicen que tiene un fantasma que se pasea por ella y que en vida fue su dueña. Naturalmente nadie ha visto al espectro. Algunos comentan que de vez en cuando se ven sombras por detrás de las cortinas de la ventana de la cocina que da a la calle cuando no hay nadie. Al hombre que la cuida y que va de vez en cuando a verla le han pasado algunas de esas típicas cosas raras que a veces suceden pero que perfectamente pueden ser simples casualidades. Al fin y al cabo cualquier casa vacía es susceptible de tener fantasmas en el imaginario popular. 

En una ocasión el hombre estaba haciendo su típico recorrido por las habitaciones para asegurarse de que todo estaba en su sitio cuando se percató de que algo no lo estaba. En el dormitorio principal, el que era el de la dueña de la casa, había un par de zapatillas de felpa puestas a los pies de la cama, como si estuvieran esperando a que su dueña se levantara para no andar descalza por el suelo. Lo raro es que esas zapatillas siempre están guardadas en el armario de la habitación. Llevaban ahí desde que su dueña falleció hace muchos años. Como el cuidador es un hombre ocupado no reparó demasiado en este hecho y, al verlas, simplemente las volvió a poner en su sitio sin darle mayor importancia a semejante episodio y sin reparar en que, si se hubiera girado a la derecha en vez de a la izquierda para salir de la alcoba después de devolver las zapatillas a su altillo, hubiera visto reflejado en el espejo la cara del fantasma. 

Algunos comentan que esa casa no ha vivido todo lo que le está reservado vivir todavía. Dicen que algún día se volverán a celebrar comidas y reuniones familiares los domingos en el jardín. Que las malas hierbas y la cizaña deberán ser limpiadas y sustituidas por flores de miles de colores y por un pequeño huerto que dará verduras y hortalizas que se comerán los días de celebración. Comentan que, hasta que esto suceda, todavía deberán de pasar algunos años pero que, cuando llegue el día, el fantasma podrá descansar en paz y abandonará este mundo para irse a donde debe estar pero que, hasta entonces, seguirá vagando por aquella casa observando a la gente a través de las cortinas de la cocina y cambiando algunas cosas de sitio para intentar llamar la atención de la que gente que no la oye. 

lunes, 12 de enero de 2015

Villabajo

Hay un pequeño pueblo a la ribera del Tajo y custodiado a norte y sur por montes que sirven de hogar a conejos y zorros. El pueblo acostumbra a recibir muchos visitantes, especialmente los fines de semana. Desde hace años sus habitantes descubrieron el filón del turismo y desde entonces lo han sabido explotar con mucho éxito. Cerca de la plaza mayor hay multitud de casas rurales y restaurantes de comida típica de la zona. Por sus callejuelas, ahora limpias y bien conservadas después de un plan integral de remodelación y embellecimiento que fue todo un acierto del alcalde, se descubren las tiendas de artesanía y productos ecológicos que los turistas compran a precios muchos más caros de lo que valen pero que pagan alegremente porque están de vacaciones. Al fin y al cabo, cuando estamos de tiempo libre, nuestra psicología se transforma y no podemos evitar esa idea de a vivir que son dos días. 

En estas tiendas se pueden encontrar artículos muy variados. Hay por supuesto el típico souvenir hortera fabricado en China y traído a Europa en barcos de mercancía al por mayor y que, cuando llega a su destino, le impresionan con el nombre del lugar que va a promocionar. Sin embargo encontramos objetos mucho más refinados y que merecen unos minutos de contemplación más detenida por su capacidad de crear placer al que los observa. 

En una de las calles que van a dar a la plaza, justo antes de entrar a esta, se encuentra una de las tiendas que más visitantes recibe a lo largo del día. El local es amplio pero no tiene demasiada variedad de género. Eso ha conseguido que se salve de la invasión de los plásticos. La atmósfera es oscura y fresca en verano y cálida en invierno, la combinación perfecta para el cliente solitario. Vende artesanía local, aunque la anuncia como si fueran antigüedades. Está regentada por una señora que se ocupa de las ventas, aunque a veces también hay un chico joven. Pudiera ser su hijo, la verdad es que tiene toda la pinta aunque no lo sé y no lo puedo asegurar. 

Venden objetos muy variados. Hay muchos muebles, mueble pequeño, del que llaman auxiliar. Están hechos con maderas duras y pesan mucho. Las piezas están bien ensambladas y por ello tienen todos un aspecto rústico y a veces un poco tosco en el tacto. Aunque a la vista no resultan tan violentos. Tienen también una gran variedad de objetos decorativos. Hay piezas de madera tallada que imitan la forma de animales y personas. Tienen también piezas de cerámica, algunas pintadas y otras en arcilla cocida, presentadas a hueso y sin más. Hay botijos, palanganas de hojalata, cuencos, botes de todos los tamaños y formas, hay también algunos jarrones y platos decorados al estilo castellano, y también cestos de mimbre y hasta gorros de paja.

Todo está amontonado según ha ido entrando en la tienda. Los muebles más grandes están más abajo y los objetos pequeños se van ordenando de mayor a menor por tamaños de abajo a arriba desde los muebles hasta el techo. Hay un pequeño pasillo en forma de círculo que empieza en la caja de pagos y termina en el mismo sitio y que sirve para que los clientes paseen entre tanta almoneda para ver qué se les antoja.

Fuera del local se apoltrona un perro grande y vago. Está siempre echado a la margen del quicio de la entrada junto a la puerta. Cuando pasas por delante, ya sea cuando entras o sales, levanta levemente la cabeza y te mira. Otras veces ni eso, sólo te mira pero sin despegar su cuerpo del suelo. Nunca ladra ni hace ningún ruido. Es un buen guardián porque a pesar de su aspecto bonachón es un chucho obediente que sólo reacciona a la voz de su ama. 

Saliendo de la tienda, a mano derecha, se llega a la plaza del pueblo. Allí se pueden ver las balconadas corridas a lo largo de todas las fachadas. Cubren todos los edificios que dan al ruedo desde el primero al último piso, los bajos están reservados a los soportales. Detrás de uno de los más viejos se levanta desproporcionado el campanario de la iglesia, que se encuentra en una calle que discurre paralela a la plaza y que, de no ser por esta, cortaría perpendicularmente a la de la tienda. 

sábado, 10 de enero de 2015

Todos queremos ser felices

Todos queremos ser felices. Parece una afirmación innegable. En consecuencia el mercado se satura de libros para sanarse a uno mismo y conseguir esa felicidad a través de técnicas e ideas plasmadas en papel que, se supone, tienen las bendiciones de curar al enfermo y transformar nuestra vida a golpe de varita. Sin embargo toda esa morralla psicoanalítica no ha sido capaz, en todos estos años que lleva vigente esta moda, de solucionar ni un solo problema de los hombres. No hay un sólo libro de esta índole que haya sido capaz de “hacer feliz” a sus lectores. No obstante las ventas no han descendido sino que, lejos de lo que cabría esperar, han aumentado y se han convertido, junto a lo que podríamos denominar mass novel o literatura para idiotas, en la categoría de libros más vendidos en Occidente. 

Estamos ávidos de ser felices. Se nos impone el ser felices como la máxima de nuestra vida a golpe de repetirlo una y otra vez sin que haya más sentido que la felicidad misma. Entonces cabría preguntarse por qué unos seres que dedican la mayor parte de su tiempo y de sus energías a buscar la felicidad son tan desgraciados. Sin duda la respuesta no es sencilla y no pretendo caer en el simplismo, pero tampoco aspiro a escribir un postulado ético al respecto en estas líneas por lo que intentaré ser concreto pero breve. 

Es evidente que, cambiando quizás ligeramente el envoltorio de las formas edulcoradas que digerimos para la búsqueda de nuestro propio bien, esos libros de autoayuda y lo que podemos llegar a hacer como consecuencia de su lectura es, básicamente, lo mismo. Cambian cuatro frases aquí y allá pero el contenido es muy similar. Se parafrasea a algunos líderes del pensamiento antiguo y se presenta su receta masticada para que el público de masas sea capaz de hacerse una idea vaga de lo que quería decir y así se sienta superior a su yo de antes y con ello queda satisfecho y complacido brevemente creyendo, pobres diablos, que han encontrado la panacea a todos sus males y que a partir de ahora todo les andará mucho mejor en la vida. Cuando la nueva doctrina hace aguas simplemente se coge un libro nuevo y se repite la misma receta. 

No hay nada en la autoayuda que sea capaz de ayudar al hombre. En primer lugar porque se presenta como pseudofilosofía cuando no lo es. En segundo lugar porque la gente que lee esos libros no está dispuesta realmente a cambiar, espera que sea el libro quien haga el trabajo por ellos mientras se quedan sentados cómodamente en el sófa de su casa haciendo exactamente lo mismo que hacían antes de leerlo pero, eso sí, creídos inspirados de una luz cuasidivina que les ha abierto la mente a mundos sutiles que siempre habían estado presentes pero que nunca habían sido capaces de percibir correctamente pero que, con la ayuda de su nuevo grimorio, ahora sí que son capaces de ver. Y finalmente y en tercer lugar porque esos libros de autoayuda están escritos para buscar la felicidad de uno mismo. 

La autoayuda es un producto del consumismo occidental y la satisfacción que se obtiene de ella es la misma que el placer obtenido del consumo de cualquier otro producto mercantil. Ese placer es intenso pero efímero. Con ello se fomenta el ciclo de insatisfacción, consumo, satisfacción y nuevamente insatisfacción.  Entonces la rueda se vuelve a ponerse en marcha y así sine die. 

Los libros de autoayuda no funcionan por su propia naturaleza. ¿Alguno ve en las tiendas libros de exoayuda? Los libros de autoayuda están centrados en uno mismo, alimentan el ego del lector haciendo que se crea el centro del mundo, de su mundo, hasta el mismo universo debe ser visto con los ojos egoístas del individuo. Si realmente queremos ser felices debemos olvidarnos de nosotros mismos, el ego conlleva sufrimiento e insatisfacción. El deseo de felicidad que impera hoy en día en Occidente es su mayor lastre para conseguir una satisfacción real y duradera. Desear ser felices es el principio mismo de la infelicidad. Desear la felicidad ajena genera, espontáneamente, el abandono del propio ser y, con ello, surge de manera automática la felicidad. 

La autoayuda es, por propia definición, una contradicción en sí misma dado que, la felicidad nunca puede venir de un "auto" sino de un "exo". La felicidad humana surge de la exoayuda, la práctica de la autoayuda nos convierte en protagonistas de nuestros propios pensamientos y, con ello, imposibilita cualquier forma de satisfacción, presente o futura. 

miércoles, 7 de enero de 2015

El sueño de una noche de verano

El cielo era oscuro y negro, moteado aquí y allá por un mar de estrellas infinitas que tachonaban el firmamento con su azul eléctrico y vibraban como tímidas llamas en la noche. El aire era fresco para ser verano. Corría una leve brisa que acariciaba las manos y las mejillas a su paso y que recordaba al soniquete de una música alegre. Sentados sobre la colina hablaron de mil cosas mientras la luna recorría orgullosa su camino sobre la bóveda celeste. 

A los lados un bosque de pinos se erguía soberbio colmando de vida y verde toda la montaña. Frente a ellos se extendía un pequeño prado y, tras él, una playa larguísima que abrazaba las olas de un mar en calma quieta que se perdía hasta donde alcanzaba la vista más allá del horizonte desvelado. 

Los grillos tocaban su canción y las luciérnagas parecían pequeños destellos de día esparcidos por el campo y lanzadas a la carrera contra el viento de la noche. Pasaban las horas y las palabras se hacían cada vez más cariñosas. Finalmente, con los primeros rayos de la aurora, uno de los brazos estrechó el otro cuello y un beso de gorrión se posó desenvuelto sobre los labios. 

lunes, 5 de enero de 2015

Oda de toda valentía

Tiritando me desvelo y veo
Rayos grises que asoman por la ventana
Sin flores ni alegrías.

El invierno muchos soles ha picado
Y arrullado por el frío enero
También Helios ha caído.

Soy el que fui sin serlo
Soy una sombra en el espejo que no reconozco
Soy un cadalso preparado.

La vejez mis años ha mordido
La salud, antaño portentosa, desaparecida
La esperanza, ¡ay esperanza!

Que fuiste vela y timonel
Movida por el viento y las mareas
Urdiste horizontes caprichosos ahora marchitos. 

Oda de toda valentía
Ya no hay trono ni corona
Ya no hay horas ni tampoco días…